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Prólogo

Escrito por Teresa Duran

Escritora e ilustradora, Creu de Sant Jordi 2007

Alerta. Este libro parece cosa de brujas.

Siempre me dijeron que no me acercara a ellas, pero también siempre me extrañó el característico perfil ganchudo de mi nariz cuando consigo mirarme de canto en un espejo.  Y ahora olfateo que brujas y hechizos no rondan lejos de estas páginas de las que ignoro por qué razón llegaron a mis manos.

Las leí. Leer también tiene algo de misterio. ¿Por qué unas manchitas negras, no más grandes que hormigas, nos meten de lleno en escenarios que nunca pisamos ni pisaremos? ¿En embrollos que no son de nuestra incumbencia? ¿O acaso sí? No es de extrañar que hasta hace bien pocas centurias a las mujeres lectoras les colgaran el mote de brujas. A veces, las quemaban. Si van a hacerlo conmigo, prefiero que lo hagan a las finas hierbas…

La receta de este volumen no la guisé yo. Me temo que otros desconocidos hechiceros, Gemma y Tebu, cocieron este perfumado amasijo de paisajes, amores y difuntos. Burla, burlando los bautizaron como cuentos. No hay palabra más inofensiva y entrañable. Yo lo sé bien. Pero, cuidado, a veces, un cuento golpea como un puño. Te sacude dónde no quisieras. Y te arrastra hacia pozos salados como lágrimas. Cuando eres chiquilla, te acunan con ellos. Cuando eres mayor, te envenenan la memoria. Aunque te los envuelvan con ilustraciones como las de Iratxe, Judit o Xavier. Fondo blanco, tinta negra. El blanco y el negro les sientan bien a estos cuentos.

Blanco, negro. Vida, muerte. Bien, mal. Hombre, mujer. Niñez, vejez. … Como en el juego de las parejas.

Hagan juego, señores y señoras. Entren en el baile. Déjense mecer. Olerán tierras antiguas -Guacamalindo, Valparnaso, Maronía- acabadas de alumbrar. Si se adentran en sus parajes presenciarán tiernos inicios, finales feroces. Escucharán nombres nuevos en romances viejos. Les saciarán adjetivos viejos en odres nuevos, hilvanados con el eco de la espuma del misterio. Porque todo es nuevo—o novel—aquí: libro y autores, parajes y personajes, esperando a aquel lector o lectora que posibilite formar este tan anhelado “ménage à trois”  que es el “triángulo de las lecturas” en el que tanto me complace, de vez en cuando, dejarme abducir.

Lo hice a gusto. Podría presumir de ser, casi, la primera lectora de estos doce relatos blanquinegros. Únanse a mí. Pero ándense con tiento. Estén alerta. Este libro parece cosa de brujas…

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